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jueves, 29 de enero de 2015

La profecía griega de Podemos


Las recientes elecciones al parlamento griego son polo de atracción informativa en el inicio de un año electoral. Muchos análisis se interesan por examinar en qué medida los resultados de estas elecciones pueden tener influencia sobre el electorado español.
Yendo un poco más allá de la obviedad de que Grecia no es España, me parece un ejercicio oportuno mirar hacia atrás para revisar si acaso las anteriores elecciones griegas tuvieron alguna influencia sobre la configuración del actual espectro político español.
En junio de 2012, con motivo de la celebración de las anteriores elecciones al parlamento griego, escribí un artículo (enlace al artículo) en el que planteaba la importancia de aquellas elecciones. ¿Quién por entonces hubiese imaginado  la posibilidad de que hoy, sólo dos años y medio más tarde, una nueva fuerza política amenazase con hacer añicos el statu quo político de este país.
En el cuerpo de aquel artículo decía lo siguiente: “La hipótesis de partida consiste en admitir que la actual clase política es una casta que se considera propietaria de lo público más que administradora al servicio del público”, y concluía de la siguiente manera: “las elecciones democráticas griegas pueden suponer la aparición de una nueva fuerza social y política que sitúe en el centro la protección del ciudadano”. 
El tiempo transcurrido entre elecciones ha servido para que la forma verbal (pueden) haya evolucionado a Podemos.

jueves, 4 de octubre de 2012

RESCATE PARA ESPAÑA: DESMONTANDO LA ESTAFA



Los gobernantes de la Eurozona tratan de resolver la crisis poniendo el foco en la consolidación fiscal y la austeridad exclusivamente aunque, como los hechos ponen de manifiesto, el camino adoptado es contrario al crecimiento lo que hace quimérico alcanzar el objetivo de déficit. En el caso de España, el propio Gobierno sitúa en el meollo del problema a las cuentas públicas confundiendo intencionadamente causa con efecto. Que se ponga todo el empeño en la consolidación fiscal y el recorte del gasto de la función de Estado en lugar de ponerlo en el crecimiento y el empleo no es casual, ni mucho menos altruista. Tanto el rescate del sistema financiero como el rescate de la economía española en su conjunto son una gran estafa que solo busca embaucar al Estado español en nueva deuda para pagar deuda privada comprometiendo el señoreaje sobre los ingresos fiscales de las próximas décadas. De este modo los impuestos que pagarán los cada vez menos españoles que tienen la suerte de tener trabajo, en lugar de dedicarlos a los fines para los que estaban destinados tales impuestos –financiar el Estado del Bienestar y la función de Estado– van a contraer por cabeza una hipoteca que podría ascender a varias decenas de miles de euros, todo para engrosar las arcas de unos pocos acreedores privados extranjeros para que nada cambie y los de siempre puedan continuar chupando del bote.

 
En el origen de esta farsa está el infundio de que en la Eurozona lo que se dirime es la mutualización de la deuda de los periféricos cuando la realidad es que la deuda ya fue mutualizada desde la génesis de la Eurozona en virtud de su sistema de financiamiento interbancario. Así se oculta que el BCE desde la crisis de Lehman –la deuda de España se podría pagar con conferencias de Guindos sobre esta materia– ha venido financiando a los bancos españoles aceptando como garantía deuda soberana hasta que la fuga de capitales de los bancos españoles hacia los alemanes ha hecho insostenible la componenda. Los alemanes quieren salvaguardar a toda costa el ahorro que tienen en el BCE, que es del orden de los 800.000 millones de Euros, por lo que no dudan en asfixiar hasta el límite a los periféricos para evitar que se evaporen sus depósitos, con el cínico beneplácito de un entramado  político-económico-académico que agita el mantra que extiende la culpa a todos porque todos han vivido por encima de sus posibilidades, como si el hecho de que el 10% de la población tenga el 90% de la riqueza careciese de importancia. En los años de boom y dispendio a unos le habrá ido mejor y a otros peor pero el reparto de la carga quieren que sea inversamente proporcional.  Para desmontar esta falacia vamos a repasar algunos datos y hacer un ejercicio de lógica deductiva.

 
Si observamos cómo ha aumentado la tenencia de deuda pública por los bancos españoles comprobaremos como a partir de junio de 2007, aún con tasas de crecimiento, comienza a elevarse la tenencia de deuda y, aunque en términos de su tasa de crecimiento la deuda pública en manos de los bancos alcanza un pico en septiembre de 2009, en valores absolutos sigue aumentando hasta la actualidad.  La explicación está en que los bancos aportan deuda pública como garantía a cambio de la liquidez del BCE de modo que el BCE ha acumulado muchos bonos soberanos de estos países periféricos como colateral del crédito privado concedido por el BCE. 
 

(Fuente: “El funcionamiento del sistema TARGET2 desde la Gran Recesión.
Una aproximación desde la óptica del cirtuito monetario”, E. Febrero, J. Uxó, F. Bermejo. UCLM)
 

Cuando el BCE con su dinero –que además es de alta potencia, por tanto, multiplicador– financia las obligaciones de los bancos españoles e italianos está sosteniendo la economía entera de estos países, especialmente la privada.  En la siguiente gráfica se observa como la financiación a las  AAPP por las entidades de crédito españolas ha sido muy inferior a la que proporcionan a otros sectores residentes (créditos OSR).
(Fuente: “El funcionamiento del sistema TARGET2 desde la Gran Recesión.
Una aproximación desde la óptica del cirtuito monetario”, E. Febrero, J. Uxó, F. Bermejo. UCLM)
 


Claramente se observa que el despilfarro fundamental no viene por el lado del financiamiento público. Para comprender lo que ha pasado debemos retroceder a los primeros años de la zona Euro y al reparto de roles entre los países miembros.

Durante gran parte de los primeros ocho años de existencia del euro Alemania consiguió una mejora consistente de su productividad frente a la periferia de la Eurozona basada en la moderación salarial y la austeridad, lo que dio lugar a un creciente superávit por cuenta corriente alemán.

Los países periféricos, por su parte, sistemáticamente acumularon déficits por cuenta corriente que antes de la crisis eran financiados por entradas de capitales privados extranjeros en forma de créditos bancarios e inversiones en cartera. Por ejemplo, una transferencia en euros de España a Alemania para la compra de tractores era equilibrada indirectamente por transferencias de euros de Alemania a España para comprar, por ejemplo, cédulas hipotecarias atractivas por la pujanza del mercado inmobiliario español.  En términos netos durante esos años ambos flujos se compensaban por lo que los persistentes déficits por cuenta corriente no creaban grandes desequilibrios en el balance del BCE y en España se entonaba el: “España va bien”.
 
Este desequilibrio en el comercio de la zona Euro en gran medida fue financiado por los bancos alemanes que prestaban el dinero a los países periféricos que éstos invertían en comprar bienes alemanes, pero además el crédito alemán sirvió para financiar el boom inmobiliario y la expansión del crédito en los países periféricos, especialmente brutal en el caso de España (la deuda privada española supera el 300% del PIB, record mundial).  Es indudable que los gobiernos periféricos fueron proclives a gastar hasta el punto de que con su superávit fiscal permitieron que la deuda creciera en lugar de reducirla o al menos contenerla, todo a expensas de ese crédito alemán.

Pero todo se truncó a raíz de la crisis financiera provocada por Lehman al dejar los bancos alemanes de prestar a los periféricos y, lo que es peor, al comenzar a retirar su crédito tan rápido como podían de modo que los bancos periféricos se encontraron súbitamente con una pérdida de sus fuentes de financiación soportando una montaña de préstamos concedidos que no podían ser rápidamente recuperados. Como el ahorro que regresaba a Alemania no tenía buen uso, el superávit resultante se colocaba en depósitos de Bundesbank –lo que pone de manifiesto dos cosas: por un lado, la delicada posición en la que se encuentra también la economía alemana que prefiere las bajísimas tasas de interés con las que remunera su ahorro el BCE a invertir en su país; y por otro lado, el patriotismo de hojalata del Capital, pero estos temas los dejaremos para otro momento–. 

Para poder llenar el agujero ocasionado por la pérdida de financiación los bancos periféricos tomaron dinero prestado del BCE a cambio de ciertas garantías.  El BCE, por su parte, que obtenía dinero del excedente del Bundesbank formaba un circuito cerrado de dinero: los depósitos abandonaban los bancos de la periferia vía Bundesbank y de ahí al BCE que a su vez lo devolvía a los bancos de la periferia para su financiamiento.  Lo que rompe este equilibrio Ponzi es la ingente fuga de capitales desde los bancos de la periferia hacia los alemanes que llega hasta el punto de que estos bancos no pueden conseguir las garantías que les exige el BCE para proseguir con su financiamiento y se ven avocados a liquidar sus activos sobrevalorados con el consiguiente reconocimiento de pérdidas.

Con el ahorro alemán del Bundesbank en el BCE lógicamente se pretende sellar un Memorandum de Entendimiento con España que comprometa el señoreaje de la deuda del Estado sobre los futuros ingresos fiscales, de ahí que la consolidación fiscal y la reducción del déficit sean las prioridades que exige la Troika para continuar con la ayuda financiera (siguiendo con los eufemismos del PP) en detrimento incluso del desempleo, que en el caso de España es extremo.

El balance del TARGET2 es un indicador que permite observar nítidamente la fragmentación especular de intereses que existe en la Eurozona:
 
(Fuente: http://www.bloomberg.com/news/2012-04-17/could-france-leave-the-euro-some-depositors-think-so.html)

El TARGET2 es el sistema por el cual los bancos privados de la Unión Monetaria cancelan sus deudas con los bancos privados de otros países, es decir, es un vehículo por el que el BCE a través de sus sucursales nacionales (los bancos centrales) intermedia inyectando dinero al sistema financiero a través de los bancos centrales eliminando el riesgo de contraparte pues el BCE difícilmente puede quebrar.  El sistema funciona de la siguiente forma: cuando se transfiere un depósito del banco A del país A  al banco B del país B se genera una deuda entre ambos bancos que sólo puede ser cancelada con dinero del banco central. El banco central del país A facilita los euros para que el primer banco cancele la deuda con el segundo y transfiere dichos euros al otro banco central vía TARGET2 para que éste lo inyecte en el banco B.   El banco A tiene una deuda con su banco central, que a su vez tiene una deuda reflejada en TARGET2 con el BCE. En cuanto al banco central del país B, tiene un activo reflejado en el TARGET2 con el BCE.

Si el banco A encuentra financiamiento en el mercado interbancario puede saldar su deuda con su banco central y éste a su vez, podrá saldarla con el BCE, pero con el advenimiento de la crisis de Lehman el interbancario se secó y la inversión exterior directa y las inversiones en cartera de los países periféricos comenzaron a caer. En España las inversiones extranjeras se frenaron desde 2010, para posteriormente producirse importantes salidas de capitales extranjeros, acelerándose las ventas masivas de deuda pública y la fuga de capitales en los primeros meses del gobierno PP.

Cuando los bancos de la periferia no pudieron sostener las retiradas de depósitos, los sistemas bancarios se colapsaron.  Para prevenir la caída de bancos sistémicos y la inestabilidad económica que esto acarrearía el BCE y los respectivos bancos nacionales se erigieron en prestamistas de emergencia durante la crisis de la deuda aceptando como garantía de los préstamos la deuda soberana que poseían los bancos periféricos.  Durante este tiempo el BCE ha venido financiando el deterioro en las cuentas ocasionado por la pérdida de la inversión exterior más la fuga de capitales y el balance del TARGET2 refleja claramente esa circunstancia.

En la figura siguiente se muestra la financiación a las AAPP y otros sectores nacionales por parte de los bancos españoles. En la gráfica se observa que tras el estallido de la crisis subprime en junio de 2007  el saldo deudor (representado en valores absolutos) del TARGET2 comienza a elevarse. Con un cierto retraso (a partir de septiembre de 2007) las operaciones de financiación de la banca comienzan a elevarse para terminar ambas series convergiendo (el último dato mostrado es diciembre de 2011). Al confluir las operaciones de financiación de la banca con el TARGET2 parece lógico pensar que el Banco de España está proporcionando financiación a las entidades de crédito para hacer frente a los pagos a los bancos de otros países de la Unión Monetaria.
 
(Fuente: “El funcionamiento del sistema TARGET2 desde la Gran Recesión.
Una aproximación desde la óptica del cirtuito monetario”, E. Febrero, J. Uxó, F. Bermejo. UCLM)



En la siguiente gráfica se observa como la suma de los números rojos de los periféricos se asemeja al saldo favorable de Alemania. De ahí que las tesis de economistas alemanes como Hans-Werner Sinn señalen al TARGET2 como el instrumento que ha facilitado la perpetración de un robo a los ahorradores alemanes en la forma de rescate encubierto para los países periféricos que han gastado por encima de sus posibilidades, al tiempo que se desviaba dinero y crédito de la economía Alemania y otras naciones prestamistas.



(Fuente: “TARGET2: Symptom, Not Cause, of Eurozone Woes", T.A. Lubik, K. Rhodes,
The Federal Reserve Bank of Richmond).


 
Frente a este punto de vista otros economistas como Karl Whelan han encontrado que hay gran diferencia entre el TARGET2 demandado por el Bundesbank al BCE y los préstamos directos a los bancos centrales de los países periféricos. En el caso de que en algún momento el BCE necesitara recapitalizarse el Bundesbank asumiría sólo el 27% del coste de esa recapitalización, mientras al Banco de Francia le correspondería el 20% en función de la cuota de participación original de cada copropietario en el capital del BCE.   Por ejemplo, teniendo en cuenta que la cuota que corresponde a Grecia en el BCE es del 3%, si Grecia no hiciera frente a sus obligaciones la exposición de Alemania se incrementaría ligeramente al repartirse ese porcentaje proporcionalmente de modo que la cuota de Alemania sólo se acercaría al 28%.  Incluso, si la exposición a la deuda griega afectase exclusivamente a los bancos franceses, el problema para Alemania continuaría siendo el mismo. Sobre la tesis alemana de que, de acuerdo a la posición neta del Bundesbank, el TARGET2 está restando dinero y crédito de Alemania a los bancos comerciales alemanes, los hechos ponen de manifiesto que los bancos alemanes están recibiendo gran cantidad de pagos transfronterizos provenientes de los bancos de otros países, de ahí que los bancos alemanes hayan requerido menos dinero de su banco central en estos años de crisis. Es por ello que todos los bancos alemanes con garantías decentes han conseguido financiarse adecuadamente en el transcurso de la crisis.  De hecho, que el Euribor esté en estos momentos por debajo del tipo de interés del BCE está propiciado por el exceso de liquidez absorbido por el Bundesbank, que provoca que el tipo de interés del interbancario se desvíe a la baja respecto al tipo de interés objetivo del BCE.


El principal acreedor del sistema financiero español es el BCE –que cuenta con bonos soberanos como garantías– y no los bancos alemanes, pues estos sólo tratan con el Bundesbank. Puesto que reducir el déficit en recesión nunca ha sido posible, la prima de riesgo española no es reflejo tanto del riesgo país como del riesgo de tipo de cambio que se percibe ante una ruptura de la Eurozona que cada vez es más segura pues el crecimiento económico ex níhilo no es posible y para generarlo se tienen que propiciar condiciones favorables.  Pero aun suponiendo que a causa de algún milagro los países periféricos consiguiesen regresar a la competitividad, los sistemas Ponzi no suelen ser sostenibles sine die por lo que la locura del Euro sólo evolucionaría a largo plazo hacia una crisis aún peor si antes los ciudadanos no fuerzan una reconversión profunda no sólo del sistema financiero europeo sino del propio proyecto del Euro en virtud del cual la Eurozona se ha convertido en propiedad de las élites financieras de los países miembros, no sujetas a las urnas, cada una imponiendo al gobierno títere de turno su propia política económica y fiscal. Como esto no es soportable en el largo plazo, tal vez ni siquiera en el medio, los mercados se han percatado de ello y tratan de explotarlo como es lógico dentro de un marco de capitalismo puro en el que el capital busca multiplicarse sin que medie esfuerzo o trabajo, sólo aunando méritos en el arte de la pillería.


Recapitulando, de continuar por esta senda a medio o largo plazo la Eurozona y sus economías languidecientes están sentenciadas pues para el mercado el cumplimiento con las obligaciones derivadas de la deuda no depende exclusivamente de los esfuerzos que se impongan para la reducción del gasto sino que también van a depender de la confianza en que la generación de ingresos futuros será suficiente.  Sin esto el objetivo de asegurar el pago de la deuda de los periféricos no se puede lograr y tarde o temprano los ciudadanos obligarán a sus gobernantes a salir del Euro. Entonces Francia no asumirá en beneficio de Alemania la parte alícuota que le correspondería para la continuidad del proyecto Euro. Por eso hoy las variaciones en la prima de riesgo de los bonos soberanos de España e Italia no sólo reflejan el riesgo de insolvencia de estos países (cubierto por el BCE a través de los TARGET2) sino la percepción del riesgo del tipo de cambio que los mercados otorgan a cada país por el retorno a su moneda nativa cuando se liquide la Eurozona. 


martes, 25 de septiembre de 2012

RESCATE FINANCIERO PARA ESPAÑA: HISTORIA DE LA ESTAFA MÁS GRANDE JAMÁS PERPETRADA


El término rescate tiene un uso eufemístico en nuestros días. Mirando el propio diccionario de la RAE encontramos la acepción humanitaria del término relativa al efecto de rescatar, en el sentido de liberar.  Pero también encontramos en el diccionario la acepción que asocia el rescate con el dinero con que se rescata o se pide para ello, por ejemplo, el coste de la liberación en el caso de un secuestro. En ese caso el rescate tiene una connotación negativa, dolosa.
 

En inglés  se usan distintos términos para distinguir de qué estamos hablando: por ejemplo, se usa “rescue” para referirnos a la acción y efecto de liberar, “ransom” para referirnos al coste de la liberación, por ejemplo, en caso de secuestro, y “bail out” para referirnos al auxilio financiero, incluido el pago de fianzas. En todos los casos tenemos alguien que está en una situación comprometida, alguien que puede propiciar la salida de esa situación y alguien que percibe un beneficio, generalmente, el coste del rescate. Si el que percibe el beneficio resulta ser el que mismo que provocó el problema estamos ante un chantaje, una situación injusta y perversa, en definitiva, una golfería.


El rescate que se plantea para la economía española es una gran estafa de cuello blanco, un chantaje legal a la sociedad perpetrado por los agentes de la nueva gobernanza europea que sirven a intereses que están en conflicto, cuando no se contraponen, al interés general y el bien común. Por esa razón, antes de volvernos locos a bendecir el rescate mejor pensemos sobre el tipo de rescate del que estamos hablando y sus consecuencias. Rememorando las palabras de Santa Teresa de Jesús: “se derraman más lágrimas por los deseos concedidos que por los no concedidos”.
 

Los hechos son que el Estado español se encuentra en una encrucijada acuciado por el déficit fiscal galopante provocado por la caída de los ingresos fiscales, el mantenimiento de los gastos más los vencimientos de la deuda contraída en el pasado, deuda que aumenta año tras año.
 

La consideración de esa deuda es un asunto importante pues de evidenciarse que en la generación o agravación del estado de insolvencia hubiera mediado culpa grave, impericia o ambas cosas por parte de administradores y acreedores estaríamos ante un caso de contubernio y estafa a los ciudadanos y, por consiguiente al Estado, por lo que habría que reconsiderar a quien corresponde, al menos en parte, el pago de tal deuda.
 

El periodo comprendido desde 1995 hasta 2007 fueron años de alto crecimiento del PIB español, por encima del 3% de media anual,  por lo que el Estado español acumuló superávit sistemáticos, no exclusivamente a resultas de la gestión procíclica de nuestros políticos sino por la propia dinámica del crecimiento en el ámbito de la Unión Europea y su efecto sobre la balanza fiscal del país.  
 

Hoy a nadie se le escapa que la Unión Europea fue mal concebida. Uno de los problemas centrales radica en que los gobiernos del Euro no pueden emitir la moneda en la que está denominada su deuda y tampoco pueden pedir prestado directamente al BCE, por lo que están obligados a generar superávits si quieren cumplir con el pago de  los intereses de la deuda.  Por esta razón el Pacto de Estabilidad y Crecimiento establece un límite para el déficit fiscal de los Estados que éstos deben cumplir.  Con unas cuentas públicas saneadas debería ser más fácil reducir la deuda pero también resulta más fácil caer en la tentación de desplegar políticas de gasto superfluo que incrementan la deuda, por lo que para cumplir los límites de deuda acordados en el Pacto de Estabilidad y Crecimiento  los Estados necesitan generar si cabe mayores superávits.  La Unión Europea fue concebida para que los Estados miembros estén siempre financieramente cubiertos, utilizando la terminología Minskyana, lo que implica que siempre deben producir un superávit fiscal por encima del coste de la deuda. El problema fundamental reside en que se necesitan tasas de crecimiento altas para mantener la promesa de los superávit fiscales y esto no es posible “sine die”. 
 

Cabe preguntarnos si puede haber superávit fiscal en un contexto de recesión.  La experiencia revela que hasta ahora nunca ha sido posible conciliar superávit y recesión. Entonces, cabe preguntarse qué pasa cuando en situaciones de recesión  los Estados no pueden generar superávits fiscales.
 

En esos casos los Estados tienen que  emitir deuda adicional para que sea adquirida por el sector privado –porque el BCE no tiene el mandato para hacerlo–  lo que convierte a los Estados en estructuras  Ponzi, siguiendo con la terminología Minskyana, pues tienen que pedir prestado para pagar los intereses de la deuda contraída hasta entonces, de modo que la deuda viva inevitablemente aumenta.  En la medida en que los periodos de crisis y recesión económica han existido y existirán siempre y, como la experiencia demuestra, en esas situaciones la generación de déficit fiscal es inevitable, el sistema prevé que para hacer frente a los pagos los Estados contraigan con el sector privado créditos que no podrán pagar en tanto no vuelvan a tener superávits, lo que en la práctica supone dos cosas: en primer lugar, el sistema planifica que los Estados oculten su situación de insolvencia y, en segundo lugar, el sistema propicia que los Estados se conviertan en cautivos del capital que los financia. Si además consideramos el agravante que supone la aplicación de políticas de austeridad que empeoran  el desempeño económico y la aceleración del deterioro de las cuentas públicas, el contubernio para que el capital financiero privado se adueñe de los Estados está servido 
 

Cuando el inversor privado independiente percibe que la insostenibilidad de las cuentas del Estado no justifica ser «socio capitalista» de ese Estado, lógicamente termina por darle la espalda a la deuda gubernamental dejando así la subscripción de bonos gubernamentales en exclusiva para aquellos inversores con intereses en la economía local, los bancos nacionales.  Pero si resulta que el «socio capitalista» que queda se encuentra también en una situación financiera insostenible el entramado se desmorona como un castillo de naipes.
 

En los años del “milagro español” la economía nacional creció por encima de sus posibilidades reales debido al empuje del sector inmobiliario. Los bancos españoles crearon fondos de titulización que permitían a los bancos financiarse en el mercado vendiendo bonos respaldados por créditos hipotecarios con cuyos intereses se retribuían estos bonos. Estos instrumentos son la clave del boom pues permitieron a las entidades obtener liquidez para expandir el crédito entre su clientela constituyendo un círculo vicioso entre el volumen de créditos (la masa titulizada) y sus fuentes de financiación.
 

Estos bonos eran adquiridos en su mayoría por bancos alemanes, franceses y holandeses –los principales acreedores de la banca española– que, al tratarse de entidades financieras, conocían perfectamente cómo empleaba esa liquidez el sistema financiero español.  De hecho, a medida que el proceso burbujístico se desarrollaba estos bancos europeos comenzaron a exigir más garantías a los bancos españoles que, para proseguir financiando su expansión, se vieron obligados a emitir cédulas hipotecarias. Las cédulas hipotecarias, a diferencia de los bonos respaldados por créditos,  son activos cubiertos no solo por la cartera hipotecaria de la emisión sino por toda la cartera, con acceso privilegiado a la mejor parte del balance del banco emisor, lo que los convierte en instrumentos de “riesgo bancario mejorado”.
 

Pero la contracción del crédito en el mercado interbancario debido al estallido de la crisis subprime trajo consigo dos consecuencias relevantes: por un lado, la percepción del riesgo exógeno y asimétrico ahuyentó a los inversores –incluidos  los bancos–  de los productos financieros estructurados buscando refugio en la deuda gubernamental y, por otro lado, la constatación del riesgo endógeno provocó que los bancos redujeran la producción de préstamos por lo que disminuyó la masa para titulizar.  La importancia del segundo efecto en España fue tal que el saldo vivo de los bonos de titulización bancarios llegó a caer por debajo del crédito.
 

Como los bancos españoles  ya no podían financiarse en el mercado, mientras financiaban en exclusiva a su Tesoro comenzaron a usar la deuda gubernamental que tenían en cartera como garantía en las subastas de liquidez del BCE, pero no contentos con eso comenzaron a suscribir ellos mismos sus propios bonos de titulización usando estas emisiones con el mismo propósito. Semejante círculo vicioso de doble hélice nos deja con dos estructuras zombies que avanzan tambaleándose y aguantándose mutuamente.
 

Al concederse menos créditos  la masa titulizable cayó significativamente al tiempo que la valoración de los activos hipotecarios se reducía gradualmente,  así que los bancos trataron de ganar tiempo refinanciando sus vencimientos para retrasar parte de los vencimientos todo lo que pudieran, llegando en su afán por buscar pasivo a ofrecer canjes perjudiciales a sus clientes  como fue el caso de las preferentes.
 

Cuando la situación de los bancos hace insostenible mantener el ritmo de compra de bonos gubernamentales a un interés asumible para el Estado la prima de riesgo se descontrola.   El BCE, siempre para proteger a los acreedores de los bancos españoles, promovió inyecciones de liquidez masiva, hasta un billón de euros al conjunto de bancos europeos, de los que más del 30% fue a parar a los bancos españoles.
 

Pero en un contexto económico en continuo deterioro las inyecciones de liquidez no causaron el efecto balsámico esperado y cuando la tercera entidad bancaria española, Bankia, se vió obligada a declarar la necesidad de ayudas millonarias para salvar sus pérdidas se desencadenó el rescate al sistema financiero. Dicho rescate supone que se va a recapitalizar directamente a la banca mediante un préstamo de hasta un máximo de 100.000 millones de Euros e incluye la creación de un banco malo que se dedicará a comprar activos tóxicos para rescatarlos del balance de los bancos.  En términos prácticos, este rescate supone que el Estado se hace garante de un préstamo a fondo perdido para que nuestro sistema financiero pueda cumplir con sus acreedores -si en julio pasado la consultora Oliver Wyman calculaba hasta un 100% de pérdidas en los créditos con garantía de suelo no urbanizable dos meses después ha rebajado esas pérdidas a tan solo el 37%, en el escenario base, lo que da una idea de cuál es el plan para el banco malo-.   
 

Cuando Hyman Minsky formuló su hipótesis de la inestabilidad de los mercados financieros, desde el punto de vista financiero clasificó las empresas como cubiertas, especulativas o Ponzi.  Minsky no mencionó que el propio sistema financiero fuese especulativo o incluso llegase a ser Ponzi, pero yo no albergo duda de que en el espíritu de su análisis reside esa eventualidad. 
 

A día de hoy, aún sin materializarse siquiera el rescate a Bankia, se da por hecho el rescate total para la economía nacional, arrastrada por tres factores fundamentales:
 
  • Unas estructuras europeas regidas por una nueva gobernanza europea que sirve a las élites financieras planificando el endeudamiento de los Estados poniéndolos en manos de acreedores privados.
  •  
  • Unos administradores de lo público que hicieron crecer la deuda en tiempos de superávit fiscal.
  •  
  • Un sistema financiero nacional  que creció –y ayudó a crecer a la economía española– en base a un modelo de gran endeudamiento y apalancamiento.
  •  
  • Un sistema financiero internacional que actuando en beneficio propio financió el brutal apalancamiento del sistema financiero español y, por tanto, de su economía.


Ahora ninguno de estos responsables asume sus excesos y en lugar de proponernos la necesaria reconversión de este sistema político-financiero ha decidido que sean los ciudadanos quienes paguen en última instancia el coste de una salida a esta situación, que por otro lado nunca llega, a través de recortes salariales, aumentos de impuestos y un deterioro de los servicios públicos básicos, salud y educación que las élites no necesitan pues ellos sólo consumen la excelencia y, puesto que son los únicos que se pueden permitir pagarla, logran que esa excelencia que vive de ellos sirva a sus intereses y se afane en ocultar tras baño de oro esta gran estafa.
 

Los ciudadanos, entre tanto, asisten ignorantes y crédulos a esta escenificación moderna del timo de la estampita en la que les prometen liebre cuando en realidad les van a dar ratón con orejeras.  Así tratan de convencernos de que «España va a salir de la crisis siendo un país mucho más eficiente y competitivo, a costa de una renta por habitante bastante inferior», pero si llega menos dinero para financiar el sistema público esto inevitablemente afectará a la protección a la jubilación y no se trata ya de una pérdida de derechos, sino del desfalco de las cotizaciones aportadas durante los años trabajados por generaciones de españoles.
 

En el contexto privado si una empresa quiebra porque no puede hacer frente a sus deudas surge la necesidad de regular las pérdidas.  El concurso de acreedores es un procedimiento legal ideado para organizar las finanzas del deudor para conseguir que el mayor número de acreedores cobren lo máximo posible, con independencia de la cuantía de sus préstamos, de ahí que se diga que el procedimiento protege más a los débiles, como los trabajadores, postergando especialmente a aquellos que pudieron tener influencia en la mala situación económica o los que pudiesen beneficiarse del concurso, por ejemplo, administradores de la sociedad o personas relacionadas con el deudor. Los intereses de los créditos adeudados se consideran créditos subordinados y, por tanto, se cobran en último lugar.
 

Sin embargo, si la insolvencia afecta a un Estado tenemos que tragar con la socialización de las pérdidas privadas en detrimento de la mayoría de ciudadanos, para pagar básicamente intereses –el coste de la deuda en 2012 duplica el de 2009 y ya supera las partidas de gasto de personal o la cobertura al desempleo–  y sin que los inversores asuman que cuando invertían en deuda del Estado estaban contrayendo un riesgo de crédito que ellos mismos han contribuido a materializar actuando en beneficio propio cuando deliberadamente financiaban el brutal apalancamiento de los bancos españoles y, por tanto, de toda la economía española.  Por eso aceptando la situación actual estamos permitiendo que los usureros se adueñen día a día de nuestra Nación, hasta que un día comprobemos que ya nos lo arrebataron todo.   
 

El rescate total a la economía española viene propiciado por la imposibilidad del Estado español a la hora de colocar su deuda en el mercado. De ahí que la propuesta de que una institución como el BCE compre estos bonos directamente en el mercado secundario es una buena noticia, pero si además de pagar por ello un interés financiero que no podremos devolver este rescate conlleva mayores ajustes que contribuirán a deprimir aún más la economía española, además de poner de manifiesto que el propósito de toda esta suerte de gobernantes europeos –incluidos los líderes de los partidos mayoritarios españoles–  no es defender el bien común ni el bienestar de los ciudadanos,  continuaremos sufriendo  los nefastos resultados de una política económica condenada al fracaso que terminará por hundir en la miseria a los propios países centrales ahora insolidarios, provocando que la crisis se extienda hasta los cimientos de todo el sistema político europeo.
 

Por esa razón los ciudadanos debemos oponernos decididamente al recorte indiscriminado de los gastos de los que depende la función del Estado de Bienestar, pues debido a la manifiesta incompetencia de nuestros administradores los recortes siempre van a más, y como ya dijimos anteriormente, las élites no necesitan los servicios del Estado de Bienestar ya que no los usan y encima su avaricia les lleva a ver en el Estado del Bienestar una oportunidad de negocio perdida.
 

Los ciudadanos tienen la obligación de asegurarse de que el único y absoluto objetivo de su Gobierno sea la conservación del patrimonio de la Nación. De ahí que la prioridad de España deba ser reducir el desempleo logrando que la actividad económica no continúe por la senda de la degradación en la que actualmente se encuentra, aunque para ello algunos acreedores deban quedarse sin cobrar todo o parte de sus deudas y otros tengan que esperar largo tiempo para cobrarlas. 

domingo, 22 de julio de 2012

RECETA PARA SALIR DE LA CRISIS


El Presidente del gobierno español, el Sr. Mariano Rajoy, recientemente le espetó al jefe del principal partido de la oposición lo siguiente: “Usted critica que yo intente bajar los gastos y que intente subir los ingresos. Si no puedo hacerlo, ¿me puede explicar cómo se reduce el déficit público?.  Yo confieso que lo desconozco”.

Esta declaración me ha movido a escribir este artículo pues en sí misma revela hasta qué punto este gobierno se muestra superado por los acontecimientos y es incapaz para gestionar esta crisis. Aun admitiendo la envenenada herencia que recibió del ejecutivo anterior, a este gobierno se le encomendó la tarea de remontar la difícil situación que atraviesa el país pero el resultado tras siete meses de gestión lejos de ser halagüeño es desolador pues durante este tiempo se ha producido un creciente y constante empeoramiento de la situación general  que en buena medida es atribuible a una acción de gobierno plagada de desatinos y errores evitables. 

Volviendo a la pregunta que plantea el Sr. Rajoy, la respuesta es aplicando políticas creíbles de crecimiento económico que permitan mejorar la relación ingresos/gastos del Estado. Veamos cómo podemos hacerlo:

Punto primero: “El problema más importante del Gobierno es que tiene un déficit de credibilidad insuperable como consecuencia de que está agotado y sin ideas” (M. Rajoy, en la oposición). 

Las políticas han de ser creíbles para que inspiren confianza. La política económica desplegada por este gobierno es dogmática –no existe otro camino–, contradictoria –amnistía fiscal para los defraudadores al tiempo que incremento de impuestos para las clases trabajadoras y medias– y, lo que es más importante, está provocando la caída de la economía, la retracción de los ingresos fiscales y haciendo imposible el cumplimiento de los objetivos presupuestarios, lo que nos conduce, en una espiral esquizoide, a un colapso económico. Como no parece muy sensato esperar que de una política económica restrictiva resulten efectos expansivos –la austeridad de brocha gorda estrangula la economía– como país no somos capaces de ofrecer una perspectiva creíble de reactivación económica que infunda confianza y esa es una condición previa para iniciar la recuperación.  Como la realidad es tozuda, a fuerza de continuos reveses a su política económica la arrogancia y vanidad de algunos miembros del gobierno han transformado su chulería elitista "no sé si debería decirlo, pero el que ha presionado he sido yo, porque quería una línea de crédito para resolver un problema muy importante y lo hemos resuelto a satisfacción" (M. Rajoy) en balbuceante alarmismo sobre la propia solvencia del Estado "en este momento no hay dinero para atender los servicios públicos" (M. Rajoy), todo a fin de justificar su incapacidad a la hora de levantar el país. Por consiguiente, este gobierno tendría que comenzar por rebajar su dogmatismo y arrogancia reconociendo que esta acción de gobierno que nos conduce al abismo tiene alternativa aunque no sea de su agrado.  

Punto segundo: “La subida del IVA es un disparate en una situación como la que estamos viviendo en España” (M. Rajoy, en la oposición).

Sólo la aplicación de una lógica económica ‘ceteris paribus’ puede llevar a pensar que subir impuestos equivale a incrementar los ingresos y que recortar gastos equivale a reducir el déficit. En las circunstancias actuales el incremento del IVA no va a suponer que la recaudación suba pues la cantidad monetaria disponible para el consumo se está reduciendo. Con una tasa de ahorro de los hogares españoles negativa, puesto que los ricos lógicamente guardan capacidad de acumulación, necesariamente las clases trabajadoras y medias por virtud del crédito han tenido que alcanzar niveles de gasto que superan ampliamente el 110%, de modo que ya no pueden endeudarse para consumir más.  De hecho, cerca de dos millones de familias españolas tienen todos sus miembros desempleados y muchos hogares se encuentran sin cobertura económica al haber agotado las prestaciones públicas. Por consiguiente, con el consumidor sin ahorros y cautivo por las deudas ya contraídas, de no poner remedio estamos avocados a una caída libre del consumo –el comercio lleva acumulados veintitantos meses consecutivos de descensos–.

Las políticas de austeridad simplonas terminan siendo perniciosas provocando un efecto contrario al pretendido. Pensemos en el caso de los políticos y el gasto que genera su ejercicio público. Desde una óptica netamente populista alguien podría proponer recortar sus salarios. Sin embargo, este planteamiento resulta contraproducente pues obvia que el problema de fondo de la clase política no es su alto coste sino la paupérrima relación coste/beneficio que brinda a la sociedad debido a la proliferación de la mediocridad, tanto desde el punto de vista de la aptitud (ineficacia institucional) como desde el punto de vista de la actitud (corrupción).  Por ello, el número de cargos políticos en la estructura del Estado se debería reducir al óptimo necesario para el correcto funcionamiento del Estado pero una reducción del salario de los cargos públicos por debajo del nivel de eficiencia incentivaría la mediocridad en sus dos dimensiones: ineficacia y corrupción, por lo que el saldo final nos saldrá más caro.  A la función pública deberían dedicarse sólo algunos de los mejores miembros de nuestra sociedad pues de otro modo seguiremos manteniendo a costa del erario público a sujetos mediocres como la torpe y necia diputada del partido del gobierno que, justamente tras el anuncio de recortes en la prestación para los desempleados, tuvo la ocurrencia de soltar un “que se jodan” desencadenando una combustión social.            

Punto tercero: A lo largo de la historia ninguna gran economía ha salido de una crisis con austeridad” (J. Stiglitz)

El dogmatismo ideológico de este gobierno les lleva a negar la evidencia de que una fuerte contracción fiscal para reducir el déficit y la deuda va a aumentar la recesión, reduciendo los ingresos netos fiscales y causando que el déficit y la deuda crezcan en porcentaje del PIB.  Para remontar esta situación las políticas económicas deben alentar el crecimiento económico pues sin crecimiento, ¿cómo cabe esperar que los inversores en un contexto de recesión confíen en que un Estado que emite deuda a un interés altísimo pueda devolver el capital más los intereses?, ¿acaso piensan devolver la deuda con clases magistrales de economía del ministro Montoro?

La economía tiene dos motores: el público y el privado, y si el motor privado no funciona porque se está desapalancando y percibe un largo periodo de caída de la demanda la inversión pública productiva tendrá que ponerse al frente para estimular la economía pues de otro modo el nivel de desempleo continuará siendo alto y persistente. Recordando la Gran Depresión, el Ecomomic Act comprendía, además de un presupuesto corriente restrictivo, un presupuesto extraordinario de emergencia que autorizaba un incremento del déficit como condición necesaria para salvar la depresión.  Muchos economistas tradicionales argumentaron contra el incremento del déficit que la inversión del gobierno desplazaría la inversión privada y el gasto por lo que no tendría ningún efecto sobre la economía, un planteamiento que ha sido desmentido por la evidencia pues está demostrado que la inversión pública a través de su efecto multiplicador puede conseguir el estímulo económico necesario para superar la recesión.  Por descontado, la inversión pública productiva es una cosa y el gasto es otra. Por ello esto no es óbice para que se apliquen medidas de austeridad tendentes a disminuir el gasto corriente y la inversión cosmética cara a la gradería, pero nunca la inversión pública productiva pues de hacerlo, como diría Keynes, en el largo plazo todos acabaremos muertos.

Punto cuarto: La economía española está en una depresión causada por Merkel y Draghi”. (J. Stiglitz) 

El gobierno se equivoca en el diagnóstico al confundir causas con consecuencias –“no hay dinero porque hemos gastado muchísimo en estos últimos años” (M. Rajoy)–.  Hasta el estallido de la crisis financiera de 2008 la deuda pública española se había reducido gradualmente a pesar de la acumulación durante varios años de diferenciales de inflación por encima de la media europea y un galopante déficit exterior que fue financiado mientras la burbuja inmobiliaria propiciaba una incesante venta de cédulas hipotecarias, mayoritariamente a bancos alemanes, franceses y holandeses. Al estallar la burbuja inmobiliaria en EE.UU. se desató la desconfianza de los prestamistas exteriores en la recuperación de sus inversiones en España lo que provocó la pérdida de la principal fuente de financiación exterior y la contracción de la economía española, que al ralentizarse indujo la caída de los ingresos públicos y un incremento del déficit fiscal del Estado. Aun en esas condiciones los mercados no estaban necesariamente alarmados por prestar más dinero a España pero con una Alemania cómoda beneficiándose diariamente del nulo coste de su deuda y su superávit por cuenta corriente, la Troika que constituyen la Comisión Europea, el BCE y el FMI, aprovechando primero la incompetencia del gobierno social-neoliberal de Zapatero y después el ‘espíritu reformista’ del gobierno neoconservador de Rajoy –que en su línea eufemística llama reformar a lo que es recortar–, ha encontrado en la presión especulativa sobre la deuda pública española la oportunidad para forzar cambios políticos en el Sur con los que el pueblo español nunca estaría de acuerdo. Con lo que no contaban es con que la dosis de medicamento administrada al paciente se les fuera de las manos y en el curso de una prueba rutinaria a su sistema financiero (contabilizaron su valoración a precios de mercado) se encontrara que el paciente estaba ya muy malito (de tener un problema de liquidez había pasado a tener un peliagudo problema de solvencia).

La cantidad de dinero que los bancos españoles han prestado equivale al 170% del PIB español y la exposición internacional supera ampliamente el billón de euros por lo que el gobierno español ha sido amablemente invitado a hacerse garante del sistema financiero y en un contexto de recesión avalar a quien se ha quedado con un patrimonio negativo precisamente no favorece la reputación de tu solvencia por lo que te haces acreedor a que las malignas  agencias de rating degraden tu calificación crediticia.

Hasta tal punto se les ha ido de la mano la situación al club de la Troika y sus compinches patriotas que ahora se encuentran con que la deuda pública española ya no vale nada, pues eso es lo que significa que la prima de riesgo esté por encima de los 600 puntos básicos dado que el interés del bono en el mercado está inversamente ligado a su valor.  Esa es la razón Sr. Rajoy de que el Estado no tenga dinero, yo ingenuamente se lo explico a usted.

Punto quinto: “¿Medidas para crear empleo?... Me ha pasado una cosa verdaderamente notable, lo he escrito pero no entiendo mi letra” (M. Rajoy, CANDIDatO a Presidente)

Obviamente el Sr. Rajoy no termina de reconocer que el problema de España se llama desempleo pues empleo y crecimiento son dos caras de la misma moneda. Conviene no perder de vista que España tiene una población de 47 millones de habitantes de los que sólo 17 millones tienen trabajo.  Si en abril de 2007 España tenía una tasa de desempleo de tan sólo el 7,9%, en 2012 esta tasa ha alcanzado un 24,4 %, nivel que se sitúa por encima de la peor tasa de desempleo de EE.UU. durante la Gran Depresión. Y si hablamos del desempleo juvenil, entonces yo también balbucearía como el Sr. Rajoy (aunque en este caso yo no soy el candidato que va a ser Presidente). Al final se rehízo y explicó su receta: “crear empleo es animar la inversión”. Le faltó puntualizar la inversión privada. ¡Joder, si lo sabe que se aplique el cuento!.

Punto sexto: “Esta crisis no la deben pagar los de siempre” (el que suscribe)

Resulta de un cinismo insoportable que precisamente el gobierno del mismo país que tras la Segunda Guerra Mundial pudo recuperar su economía gracias a la masiva condonación de su deuda y a inyecciones de dinero a mansalva sea el que ahora predique exactamente lo contrario para sus vecinos del sur. No obstante, encuentro cierto consuelo al escuchar que desde Alemania proponen la idea más audaz para solucionar la crisis: obligar a los ricos españoles, tan identificados con el patriotismo, a que compren deuda de España.  Y es que en un mundo en el que las relaciones interpersonales están dominadas por un individualismo atroz el rico alemán puede resultar un lobo para el rico español: "Precisamente en los países en crisis son ese tipo de instrumentos una opción razonable para que las fortunas privadas, en parte muy concentradas, hagan su aportación a la refinanciación del Estado".

Precisamente en los momentos de crisis es cuando se hacen más necesarias las medidas de cohesión social. Sin embargo, como la clase política española adolece de capital político nos gobierna la tecnocracia financiera del club de la Troika que marca las políticas en términos de coste presupuestario y presión fiscal sin tener en cuenta las necesidades de los ciudadanos, sus derechos y sus obligaciones, porque cuando uno no es la víctima resulta muy fácil racionalizar y justificar la injusticia, la desigualdad o la barbaridad llegando incluso a sancionarlas en leyes. Así, la reforma laboral en términos generales ha servido para preservar el beneficio de las empresas pero a costa de una sangrante destrucción de empleo y recortes de salarios con la consiguiente destrucción del poder adquisitivo de las clases trabajadoras y medias. Siquiera ha permitido recuperar el empleo aunque fuese a través de salarios más precarios pues sin una perspectiva de reactivación del consumo el desempleo no se rebajará.  La reducción de la cobertura a los desempleados y los dependientes, los recortes sociales a los funcionarios y la constante desvalorización de su labor son otros ejemplos de la clase de justicia que dispensa este gobierno. Pero sobre todo lo que revela el nivel de indecencia en el que se ha instalado tanto el gobierno como la parte de la sociedad que tolera y justifica tal medida, es la amnistía fiscal, al margen de lo indigno que resulta para los que cumplimos escrupulosamente con nuestras obligaciones tributarias o del fracaso que está suponiendo en términos de los objetivos recaudatorios, tiene un trasfondo moral deplorable al “abrir una puerta peligrosa a la legalización de dinero en efectivo ilícito”.    

En lugar de luchar contra el gran fraude fiscal, ante esta crisis se nos receta un progresivo retroceso en nuestras conquistas sociales que tiene por objeto el paulatino desmantelamiento del estado del bienestar y encima nos dicen que todo es por nuestro bien. Por este camino, si sigue prevaleciendo la ineptitud de nuestros líderes políticos entonces llegaremos al punto en que la protección social y la protección al desempleado caerán muy por debajo de las necesidades sociales y todo el auxilio de los pobres pasará a ser responsabilidad de las familias y las entidades privadas de caridad. Para entonces la crisis habrá devastado el país porque el Estado prefirió promover un rescate para salvaguardar a los acreedores del sistema financiero español. Con todo, basta que una parte suficiente de españoles tengan un coeficiente intelectual superior a noventa para que se ponga en cuestión el consenso sobre el predominio de estas clases dominantes y el poder político actual haciéndoles saber que no tienen elección, que si el planteamiento inteligente de vivir bien y extender una parte de la prosperidad a los demás deja paso a las operaciones libertarias sin control, aun bañadas en oro para enmascarar un individualismo feroz, nos avocan a la anarquía poniendo en riesgo su sistema político.  Hasta que las conciencias de esas élites financieras no estén suficientemente socializadas de modo que sus grandes influencias funcionen bajo motivaciones apropiadas al interés público, el avance de la reacción ciudadana contra este nuevo capitalismo dickensiano es inevitable. A razón de esto me viene el pensamiento de Joseph P. Kennedy Sr. quien, a propósito de la Gran Depresión, admitió lo siguiente: “en aquellos días sentí y dije que cedería la mitad de mi fortuna si con ello bajo la ley y el orden pudiese asegurar la otra mitad”. 

Punto séptimo: “Tiene que haber una forma de darle la vuelta a esta hipocresía. El crecimiento de una nación no puede ser conseguido a costa de oprimir a los oprimidos (Mick Hucknail)

Uno de los factores que están en el origen de la desvalorización del capital político es la confusión ideológica cuyo germen data de los años setenta y del que hablaré en otro post. Así en nuestros días se ha impuesto un pensamiento único que comparten los partidos pro-sistema ya sean nominalmente socialdemócratas o conservadores. Si hace unos años el expresidente Zapatero decía que bajar impuestos era de izquierdas contradiciendo la lógica del progresismo fiscal, ahora el gobierno de derechas de Rajoy sube los impuestos contraviniendo la doctrina del conservadurismo fiscal. Las ideologías son abandonadas en pro de un consenso sobre el que se asienta el predominio de las clases dominantes y el poder político actual, y sólo se diferencian por matices de carácter cosmético o accesorio. Para salvar la actual crisis hemos de poner en valor la ideología. Simply Red fue una excelente banda musical británica de Pop&Soul que cosechó grandes éxitos desde mediados de la década de los ochenta.  Lo que muchos no conocen es el activismo de su vocalista y líder, Mick Hucknail.  Uno de sus mejores temas es ‘Turn It Up’, de su álbum  ‘A New Flame’, cuya letra contiene un evidente compromiso ideológico cuya vigencia quiero reivindicar.